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Múltiples organismos analizan la mortandad de ballenatos en la costa de Puerto Madryn

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Múltiples organismos analizan la mortandad de ballenatos en la costa de Puerto Madryn

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La investigación epidemiológica descarta la intervención humana y apunta a una bacteria marina presente en el ecosistema, mientras piden no tocar los ejemplares en las playas.

La investigación sobre el hallazgo de ejemplares sin vida de ballena franca austral en Chubut, moviliza a una red de instituciones científicas, académicas y gubernamentales que trabajan bajo protocolos estandarizados para determinar las causas del fenómeno. La participación de organismos ambientales, universidades y personal de campo en la toma de datos consolida una cadena de custodia que descarta cualquier posibilidad de ocultar o alterar los diagnósticos de laboratorio que surjan durante el proceso.

El consultor ambiental e integrante de Refaunar, Víctor Fratto, detalló la dimensión del operativo interdisciplinario que se despliega sobre la costa de Puerto Madryn: “Hay que tener por seguro que cuando estén los resultados se van a conocer, porque este es un trabajo mancomunado donde hay muchos actores. O sea, no es fácil ocultar un resultado. Imagínate que este trabajo se está haciendo entre universidades, institutos científicos, organismos del Estado, Secretaría de Ambiente, Ministerio de Turismo, guardafaunas, guardaparques, técnicos, profesionales, es mucha la gente que está involucrada en este tipo de trabajo”.

Para acelerar las respuestas ante la preocupación de la comunidad, los profesionales del Programa de Monitoreo Sanitario de Ballena Franca Austral resolvieron anticipar el envío de los tejidos biológicos recolectados en los varamientos. Las muestras suelen consolidarse al cierre del ciclo anual para estudios comparativos globales, pero la coyuntura exigió adaptar los plazos de análisis microbiológicos sin alterar el rigor técnico que requiere la validación de un cuadro clínico.

La urgencia social choca frecuentemente con las etapas biológicas e inmunológicas que exige un diagnóstico certetero en el campo de la veterinaria marina. Durante la entrevista, Víctor Fratto reflexionó sobre las diferencias entre la verificación analítica y la circulación de versiones sin fundamento: “La ciencia se maneja con otros tiempos que no son los tiempos de las redes sociales. Entonces, es cuestión de tener paciencia. En ese sentido la ciencia es muy prudente, más prudente que las redes sociales obviamente. Hasta que vos no tenés una hipótesis más o menos concreta no publicas información. Así es como siempre se ha manejado la ciencia, hay que ser respetuoso de los tiempos que tiene”.

A la par de las tareas de laboratorio, la presencia de restos marinos en el frente costero requiere operativos continuos de remoción para evitar focos de contaminación visual y microbiológica. Las cuadrillas de la Municipalidad de Puerto Madryn intervienen con maquinaria pesada para el traslado de los ejemplares, aplicando medidas de asepsia que protegen la salud de los trabajadores y previenen riesgos innecesarios entre los transeúntes.

La principal recomendación de bioseguridad apunta a evitar el contacto físico con la piel o los fluidos de las ballenas, dado que la bacteria identificada en los estudios preliminares tiene capacidad patógena. Víctor Fratto habló sobre los peligros de infección que corren las personas al acercarse sin protección a los restos: “Esta erisipela es una infección bacteriana que puede contagiar al humano, pero tenés que tener un contacto muy estrecho. Ahora, por ejemplo, encontrás un ballenato que tiene estas lesiones y vos crees que está vivo y lo empezás a empujar y vos tenés lesiones también, y bueno, existe la posibilidad”.

Para ordenar la intervención en la franja costera y evitar la presencia de curiosos cerca de los animales, las autoridades mantienen activo el canal de respuesta rápida ante contingencias ambientales. Sobre las precauciones que debe tomar la población de Puerto Madryn, Víctor Fratto remarcó: “Ante la aparición de un ballenato vivo o muerto, que llamen al 103 en el caso de Puerto Madryn, que funciona muy bien, para que podamos ir quienes trabajamos en esto manteniendo todas las medidas de bioseguridad. No está bueno entrar en contacto, pero con ningún animal muerto, no solamente con una ballena, con un lobo marino, con un pingüino”.

Las pericias y los muestreos microbiológicos no arrojaron indicio alguno que vincule las muertes con efluentes industriales, derrames o contaminación de origen antrópico en el golfo. Las hipótesis de investigación encuadran el evento dentro de la dinámica propia de la fauna silvestre, donde virus, toxinas y bacterias circulan de forma natural en las poblaciones marinas sin requerir un detonante de origen humano.

El especialista en manejo de fauna salvaje fundamentó la falta de correlación entre la mortandad registrada y el impacto de las poblaciones urbanas: “Lamento muchísimo no poder satisfacer la necesidad de la gente de vincularlo a las actividades humanas, pero la realidad es que no hay evidencia de que esté relacionado con actividades humanas. En las redes sociales se pueden tirar un montón de hipótesis, hay como una necesidad muy grande de asociar esto a las actividades humanas. Entonces se le echa la culpa a las cosas más inverosímiles que puede llegar a haber, y después cuando se demuestra que no, la gente sigue insistiendo. Uno informa lo que sabe, y esto es lo que sabemos hasta el momento”.

La hipótesis diagnóstica de mayor consenso científico atribuye el fallecimiento de los ballenatos a la acción de la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae, agente causal de la erisipela. El microorganismo habita ordinariamente en la capa mucosa que recubre a peces, crustáceos y moluscos del litoral atlántico, y puede penetrar el organismo de las crías de ballena mediante laceraciones epidérmicas o por ingesta incidental.

Al precisar las manifestaciones clínicas observadas en las necropsias y la comparación con eventos epidemiológicos similares en otros océanos, Víctor Fratto concluyó: “Hay un diagnóstico preliminar, una hipótesis de diagnóstico, que se refiere a una bacteria que provoca la erisipela, que es una enfermedad que ya se ha visto en cetáceos en otras partes del mundo, hubo mortandad en Países Bajos, en Inglaterra, en la costa de California, por el mismo motivo. Es una bacteria que vive en el mar, está asociada a moluscos, peces, crustáceos, y en este caso cuando ataca a los ballenatos se puede llegar a manifestar por unas lesiones cutáneas que aparecen en la piel en forma de rombos, unas lesiones romboidales muy características, y también pueden generar septicemia y provocar la muerte del ballenato”.

Fuente: LU17

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