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¿QUÉ PASA CON LA PESCA? ¿SE REPITE EL ESCENARIO DEL 2025?

PUERTO MADRYN

¿QUÉ PASA CON LA PESCA? ¿SE REPITE EL ESCENARIO DEL 2025?

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Hay señales que, en Puerto Madryn, ya no necesitan demasiada explicación. Se sienten. Se perciben en los muelles quietos, en los teléfonos que no suenan, en las familias que empiezan a hacer cuentas antes de tiempo. Y, otra vez, esas señales empiezan a encenderse.

La pesca vuelve a entrar en zona de riesgo. Y lo más inquietante es que no se trata de un conflicto nuevo, sino de uno que parece calcado del año pasado: negociación trabada, posiciones que no terminan de acercarse, tiempos que se dilatan y una cadena productiva entera mirando el calendario con preocupación.

De un lado, las cámaras empresarias insisten en que hay una propuesta concreta sobre la mesa desde febrero. Hablan de ordenar un negocio golpeado por el contexto internacional, con consumo retraído y reglas que necesitan adaptarse a un mercado cada vez más volátil. La idea de un esquema salarial variable —atado a referencias del mercado— aparece como una salida estructural para evitar que cada temporada sea una pulseada interminable.

Del otro lado, el gremio relativiza ese planteo. No niega el diálogo —de hecho lo ratifica— pero cuestiona las formas, los tiempos y, sobre todo, el fondo: asegura que la discusión ya no pasa por mejorar salarios, sino por evitar que sigan perdiendo poder adquisitivo. Dicho sin rodeos: hace dos años que, según el sindicato, lo que se negocia es cómo perder menos.

En el medio, una escena que se repite con demasiada fidelidad: reuniones informales que avanzan, instancias formales que retroceden. La audiencia en la Secretaría de Trabajo terminó sin acuerdo y con un cuarto intermedio hasta el 6 de mayo. Diez días que, en cualquier otra actividad, podrían ser apenas una pausa. En la pesca, en plena antesala de temporada, son una eternidad.

Pero hay algo más. Un ruido de fondo que no es menor: la interna sindical. Las elecciones del SOMU aún no están definidas y eso agrega un condimento de incertidumbre que excede lo estrictamente salarial. Nadie lo dice abiertamente como factor determinante, pero todos lo mencionan en voz baja. En conflictos de esta naturaleza, la estabilidad en la conducción no es un detalle.

Mientras tanto, la paradoja es evidente. No hay una medida de fuerza declarada. El gremio sostiene que las tripulaciones están disponibles y que los barcos podrían salir a pescar. Sin embargo, buena parte de la flota sigue amarrada. Las empresas esperan certezas. Los trabajadores esperan llamados. Y entre ambas expectativas, la actividad queda en pausa.

El dato quizás más preocupante no está en lo que dicen las partes, sino en lo que coinciden sin proponérselo: nadie quiere repetir el 2025. Ni las cámaras, ni el sindicato, ni mucho menos las familias que dependen de esta actividad. Sin embargo, los movimientos —o la falta de ellos— van en esa dirección.

La historia reciente demuestra que en la pesca los conflictos no estallan de un día para el otro. Se construyen lentamente, entre dilaciones, formalidades y desconfianzas acumuladas. Cuando finalmente explotan, el costo ya es demasiado alto.

Hoy, otra vez, el reloj corre. Y la pregunta deja de ser retórica para volverse urgente: ¿hay voluntad real de evitar otro año perdido o estamos, una vez más, viendo cómo el conflicto avanza paso a paso hacia el mismo desenlace?

Porque si algo quedó claro en 2025 es que cuando la pesca se detiene, no se detiene solo una actividad. Se detiene una ciudad entera.

Fuente: madrynurbanafm

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